Ángulos Extraños

27 Noviembre 2007

Las Malas Compañías

Archivado en: Fragmentos — Rakel Archer @ 8:40 pm

Alone_Luis RoyoRecorrió el pasillo de luces rojas como una exhalación, abrió la puerta como si fuera a derribarla. Ella, que estaba dándose los últimos retoques en su disfraz de serpiente, giró la cabeza en dirección a la puerta. Entre desafiante e indolente, sonrió.
- ¡Greg! No sabes cuanto me alegro de verte, me tenías abandonada -se acercó a él con sigilo y se agarró al pecho de su camisa mientras se contorsionaba alrededor de su presa-, pensaba que te habías olvidado de mí. ¡Te he echado tanto de menos!
- ¿Estás segura? -la sujetó de su larga y roja melena rizada tirando de su cabeza hacia atrás con fuerza. -Yo a ti te he recordado todos los días. ¡Todos los putos días, maldita zorra!
Lucy abrió los ojos, desencajados, intentando fingir no saber lo que se le venía encima. Intentando disimular lo que era más que evidente. Greg la agarró de los hombros y la lanzó sobre la descomunal cama, de la que fue deslizándose hacia el suelo por invitación de las sábanas de raso.
- ¿No ves algo en mí, cómo decirlo… diferente? ¿No me ves más delgado? ¿Quizás algo cambiado?
- Yo te veo muy bien, Greg -recitó Lucy con la cara más inocente que podía recordar.
- ¡Cómo te atreves, jodida puta!
Se fue hacia ella con las garras por delante, la estampó contra el suelo mientras Lucy gritaba y pataleaba. Greg se subió a horcajadas sobre ella sujetándole con fuerza las muñecas y cargando todo el peso del cuerpo encima de sus delgados brazos, de modo que apenas podía respirar con aquel hombre enloquecido aplastándole los pulmones.
- ¿Se puede saber qué te pasa? ¡Estás loco! ¡No me pagas tanto como para aguantar todo esto!
- ¿No? ¡Pues devuélvemelo! Llevo tres meses de hospital en hospital, queriendo creer que todo esto no es más que una pesadilla de la que despertaré. Sí. Creyendo que el próximo médico, que la próxima prueba que me realice me dirá que todo ha sido un lamentable error. Que no me pasa nada. Que todo esto no ha sucedido. Queriendo despertar de nuevo junto a mi mujer y no recordar nada de toda esta maldita mierda. Y sobre todo, quiero despertar y descubrir que tú no eres más que una pesadilla.
- Yo nunca te he llamado, eres tú el que vino a mí. ¡Eh! ¿Se puede saber qué demonios me estás reclamando ahora? –
Levantó la cabeza con fuerza chocando con la de él. El corte en la ceja que le propinó, consiguió que le soltase los brazos y poder zafarse del jinete loco. Se retiró pataleando el suelo, hacia atrás.
- ¡No me culpes de haber perdido a tu mujer! ¿Tanto la querías? Entonces por qué sigues viniendo aquí?
Se incorporó del suelo con media sonrisa y se colocó de rodillas, en postura de fiera. Greg seguía también en el suelo, en posición fetal, tocándose la frente y gimiendo
- ¿No te atrevías con ella?.
- ¡Ni se te ocurra volver a hablar de mi mujer!
- Ya no es tu mujer!
Greg se giró sobre el suelo tomando la misma posición que ella, estaban a cuatro patas uno frente al otro a solo unos centímetros.
- Sí, me ha dejado. Me ha dejado porque tengo el SIDA. Porque tú, maldita perra avariciosa me has contagiado. Porque a ti la agarra fuerte del cuello a través de su larga melena roja- te ha importado una mierda contagiarnos a todos. ¿Tanto te gusta el dinero?
- Me haces daño-intentó replicar en ruido ronco.
- Tú me estás matando, ¡así que cállate! ¿Cuántos más? ¿Eh? ¿A cuántos más has contagiado con tu avaricia?
Lucy giró su cuerpo en un alarde gatuno por liberarse de aquel loco. Los dos acabaron rodando por la habitación hasta que chocaron con una de las paredes. ella se levantó y corrió hacia la puerta del armario donde guardaba los artilugios que le requerían compañías como Greg. Antes de que él pudiera abalanzarse de nuevo sobre Lucy, ésta consiguió alcanzar una porra y girarse con toda la energía que le permitían sus ya mermadas fuerzas. Le salió bien. Greg yacía a sus pies retorciéndose de dolor y escupiendo sangre.
- Ahora te vas a estar quietecito -dejó la porra y encendió el Taser.- y vamos a hablar como adultos. ¿Qué a cuántos he contagiado? Pues supongo que a todos aquellos que, como tú, -le da un puntapié en el trasero tras pasar por encima de él- me han pagado autenticas barbaridades a cambio de no usar protección. A todos los pervertidos que, como tú, me hacen posible pagarme la carrera y vivir bien a cambio de que yo también me deje mucho con esto. Sí, seguramente a este paso podré permitirme no dar golpe hasta que termine el postgrado.Lo miró y empezó a reírse, con una risa floja, como si todo aquello le hubiese parecido una broma tonta. Se sentó en el borde de la cama con las piernas abiertas y apoyó los codos en las rodillas mientras mantenía el aparatito diabólico en sus manos. Clac, clac, clac
-¿Sabes qué es lo más gracioso? Que yo me enteré ayer de que soy portadora. Sinceramente, no me dais ninguna pena. Si venís es porque os interesa, así que no me hagáis responsable de vuestros actos.
Greg seguía tumbado en el suelo, de lado, tapándose la cara con los antebrazos, gimoteando y escupiendo, al ritmo de “maldita zorra, has acabado con mi vida”. Lucy se levantó pausadamente de la cama y se dirigió a la puerta de la habitación en busca de su ángel de la guarda: Leo.
Leo las protege de los demás y de sí mismas, Leo es el único hombre en el que pueden confiar y al que jamás harían daño. Leo las cuida como si fuesen niñas perdidas. Leo es un peluche de casi dos metros de altura, gigantescos músculos, piel de ébano y olor dulce y almizclado en el que se refugian cuando tienen un mal día. Su cometido principal era librarlas de tipos que perdían los estribos como Greg. Recorrió el largo pasillo en busca de su protector pero no lo encontró. Tampoco le extrañó que tras toda la pelea con Greg, nadie hubiese ido a ver si tenía problemas. Los gritos eran algo habitual. Pero no entendía por qué no estaba allí. Algo frío le rozó la nuca mientras un brazo insistente la sujetaba del estómago. Sintió el aliento de Greg, pausado y mordaz, en su oído. En un acto reflejo traidor, soltó el Taser.
- ¿Buscas a tu chulo negro? No está.
- No es mi chulo. Suéltame!
- No va a venir a salvarte. Esta vez no. Nadie va a venir a salvarte.
La arrastró de nuevo hacia la habitación. La sentó en el suelo colocándose a su espalda de cuclillas. Le estiró del pelo y le metió el cañón del revolver en la boca.
-Venga, hazme ahora otra demostración de chulería como la de antes. Vaaamoooos, repítelo.
Los ojos de Lucy comenzaron a aguarse. Dos lágrimas cayeron de sus ojos de gata salvaje. Las últimas. Greg apoyó firmemente su cabeza en la de Lucy, las dos en el objetivo del cañón.
- ¡Mmmh!, ¡mmmh!, ¡¡mmmmhh!!
¡Bang!.

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